Tuve que correr cuando la vida dijo ven, no hubo manera de pararme. Correr que fue volar, beber de un trago todo el mar ... y no sació mi sed el agua. Tomé el sendero sin saber que me alejaba para no volver.

Dulce como miel, probar el roce de su piel, ella en el suelo, yo en el aire. Dulce pero cruel llenó mi mundo de papel, jamás pensé que llegaría a helarme.

Gracias, Antonio Vega.